sábado, 11 de julio de 2009

Quiero que 19 sean 16!

Mal día para ser un idiota


Ya se ha hecho tarde, acabas media taza de café peligrosamente cargado y corres a tu auto. Maldito frío, ya no sientes los dedos.
Hubo un accidente en la avenida principal, jódete, ya no llegaste… y con la mirada fija en una pequeña mocosa esperando por el bus en la acera, de repente das la vuelta para darte cuenta de que una camioneta gris va a impactarse contra tu Chevy, cuatro segundos: “¡¡chingada madre!!”, dos segundos: “voy a morir”, un segundo: cierras tus ojos…
¿Por qué diste la vuelta, a dónde se supone que ibas? ¿No ves que con el tuyo ya iban a ser dos accidentes en la impecable avenida principal?... “¡¡¡Cabrón, aprende a manejar, pendejo!!!”. Sabes que es cierto, estacionas tu carro y te fumas un cigarro, decides caminar a donde sea, te sientes trastornado, pero más que eso, te sientes solo, no hay nadie a quién contarle lo sucedido, no hay quien te repita que eres un imbécil en el volante… En fin, llegas a un puesto de cócteles de frutas frescas, tiras la colilla del cigarro en una coladera, un anciano mal oliente te ve y balbucea lo que te pareció un: “cabrón…”, pero no haces caso, tras él viene una chica, tiene cuerpo de veinte y cara de treinta, lleva puesta una falda negra, mallas de algodón del mismo color y una chaqueta verde olivo. Está a tu lado… “¿sí, qué va a llevar?” te pregunta la señora del puesto; tú vuelves al mundo y contestas: “primero la señorita” la señorita te sonríe por un segundo, y piensas: “¡dios, ¿por qué no me rasuré?!” Ella pide un cóctel sin piña, en lugar de eso papaya y pide de favor poca miel y tú vuelves a pensar: “¿Por qué lo pide ‘por favor’ si lo está pagando?” La ves procurando ser discreto, tiene unos ojos hermosos, pero reflejan una profunda tristeza, te das cuenta de una pequeña cicatriz bajo su ceja derecha, ella te vuelve a sonreír, piensas que es extrañamente bonita, tiene un aire que se te hace familiar, sientes que podrías conversar con ella de todo, del clima, de la globalización, de la fruta de temporada y hasta de accidentes automovilísticos. Entre todo eso, ella se marcha, cuelga un discreto bolso en su hombro, en su mano izquierda lleva el cóctel chorreando de miel y toma un taxi con placas falsas: “Mejor así, si yo la hubiera llevado tal vez hubiéramos chocado contra el primer poste”. Te retiras del puesto diciendo en voz baja: “es la historia de mi miserable vida”.

Caminas por horas, ves la ciudad llena de lucecitas, las tiendas repletas de gente desquiciada por las baratas de invierno, lo comparas con un hormiguero. Admiras los edificios, te detienes a observar los detalles: “Yo quería ser arquitecto”. Comienzas a escuchar a lo lejos un grupo de niños cantando ‘ridículos’ villancicos, te recuerdan a aquella gorda maestra de música que te aterraba cada vez que trataba de cruzar las piernas.
De uno de esos increíbles edificios sale un tipo, alto, bien parecido, lleva un traje gris, un abrigo de $15,000, trae en la mano un portafolio plateado, te sorprende que no lleve alguna inicial grabada en oro; esperas verlo entrar a un "súper carro del futuro" en cualquier momento… ¡un segundo!, es él, es ese estúpido de la vieja preparatoria que te golpeaba si lo mirabas a los ojos… ahí viene, se acerca a ti, piensas: “¿qué, va a golpearme una vez más?”; metes tu mano en el bolsillo y esperas: Tu ex golpeador se siguió de largo, sus ojos se desviaron hacia a ti un instante, pero su mirada era tan indiferente como le es al verano ver una hoja caer. No, definitivamente no te reconoció. Aceptas que te hubiera gustado arreglar algunas cuentas ahora que ya no te preocupa regresar golpeado a casa, nadie te interrogaría sobre tu ojo hinchado. Pero no lo haces y te limitas a verlo entrar a un súper carro del futuro; te das cuenta de que su portafolio trae grabada en oro una “A”.

De nuevo, ya es tarde y no traes el carro, ya quieres volver a casa a escuchar La línea del amor y burlarte de los tontos que llaman o tal vez ver Robocop por centésima vez; como sea tendrás que caminar más aprisa.
Pasas por un horrible callejón, te detienes para ubicar mejor el lugar. Ves una mujer entrar, lleva de la mano a un niño, el pequeño tiene un gorro demasiado grande, le tapa los ojos, pero parece no incomodarle. Decides preguntarle dónde puedes tomar un autobús para el centro, ella te mira y contesta: “Camine 6 cuadras hacia allá, saldrá a la avenida, ahí puede tomar el autobús”, agradeces la amabilidad y ella agrega: “Tenga mucho cuidado, aquí es muy peligroso sobe todo a estas horas de la noche”, vuelves a agradecer y te retiras. No llevas caminando ni media cuadra cuando escuchas gritar a la misma señora: “¡Maldito, maldito ratero!” y un hombre, que más bien te parece ser un muchacho drogado corre abrazando una bolsa hacia donde estás tú, ahí viene, sabes que eres más fuerte, puedes detenerlo, no eres viejo ni traes un portafolio grabado como para no hacerlo… pero él se ha ido, ha desaparecido, te quedaste ahí parado viendo cómo se metía entre los carros estacionados. Volteas y ves a la señora consolando al niño que estalló en llanto. Mejor te vas, no puedes soportarlo.

Llegas al departamento, saludas a la vecina del primer piso, lo haces rápido, no te gusta que te empiece a hacer conversación. Prendes la luz, sólo un instante, se funde el foco, pero estás demasiado cansado para cambiarlo, piensas: “Estoy cansado, estoy cansado de ser un idiota” Te sientas en el sofá, lloras en silencio mientras escuchas un cd de rock pop suave, te has quedado profundamente dormido.

Despiertas, desayunas el café de siempre pues camino al trabajo quieres ir al puesto de cócteles, te rasuras y te pones unos guantes. Es temprano, te paras en el puesto, pides un especial con papaya y esperas, ya has esperado casi media hora, ¿qué esperas?
Te das cuenta de que se te ha hecho tarde, pagas, dejas el cóctel en la mesa y corres a tu auto. Te das cuenta de que este día no habrá chica, no hay accidentes por la ciudad, no volverás a ver a ese estúpido abusador, el callejón queda lejos; este día simplemente llegarás a tiempo al trabajo.

Este "cuento" lo escribí en diciembre del 2006, y no sé, supongo que perdí oportunidades por mensa en ese momento y lo escribí para expresarlo. Tal vez algún día lo convierta en un buen guión para un cortometraje ¿usted qué cree, o soy muy ambiciosa? Hehehe.
Más que nada, quise volver a leerlo, porque es una de las cosas que representan mi felicidad estando sola, y me recuerda las reflexiones que rondaban en mi cabeza al estar acompañada no más que con mi música, disfruté mucho esa época, y la invoco para que vuelva!!!
POSDATA: Ahora sí, ya se me ocurrió una mega idea! Haré una ilustración para este cuento! Tal como me imagino al tipete protagonista de mi cuento. Qué hermoso, desde que escribí el cuento me hice unas de imágenes en mi cabeza, imaginando todo, y ahora siguen siendo exactamente las mismas, las mismas!!! Pequeños míos, la vida es bella!

Cuentos y charadas de un borracho II

Bien, pues me arden los ojos, pero no de sueño, sino de llorar all the whole daaaaaay... ¿Por qué? Porque a nadie le importa un pepino quién soy ni cómo me encuentro, me he dado cuenta que creen que me quieren, pero todo es una farsa, un engaño, no me conocen.
Tuve un pequeño mal entendido con mi novio, y de ahí me puse triste y ya no pude parar más, comencé a recordar mis idioteces de borracheras, de lo superficial que soy, de lo mala onda que he sido con mi novio, la única persona a la que incluso más que a mi mejor amiga desde los 6 años o este blog le tengo confianza para admitir que me estresa mucho la parte social de mi vida.
Quiero que me quieran, que me acepten, y lo hacen, se supone que lo hacen, que soy súper para
ell@s, me lo dicen, pero ¿por qué me sigo sintiendo tan sola?
Esto culminó en que mi novio pensó que ya no quería que estuviera con él, malinterpretando mi silencio, pero la verdad es que estaba trabada de llanto, no podía hablar. Hasta se llevó su maleta, su ropa, y trasculcó en mis cosas para buscar las cartas que me escribió a lo largo de tres años juntos.
Cuando volvió por más cosas, platicamos mucho, le confesé que ayer estaba hasta el queque de borracha, pero que traté de ocultarlo con todas las fuerzas de mi corazón, me di cuenta que si íbamos a separarnos sería por mi culpa, un 80 por ciento mi culpa! No he sido la mejor novia del mundo, aunque tampoco la peor, pero sí lo suficiente para hacer sufrir a un chico que dejó toda su vida en su pequeña ciudad por venir hasta aquí conmigo, que ha soportado tanto. No tengo perdón de Dios.
Le confesé más, cómo me siento con la relación, que la siento como un enorme compromiso (porque él es de la idea que juntos hasta el final, felicidad, amor, pureza eterna, sino, no), le dije que me gustaría mucho ser como antes, como cuando tenía 16-17 años, en ese entonces tenía muchos amigos, hasta era popular, pero por las tardes, me gustaba estar sola, salir a los museos, leer, ir al cinematógrafo casi todos los días, sola, disfrutaba tanto estar sola, me sentía orgullosa de mí misma, y lo mejor, disfrutaba reflexionando, en realidad amaba estar conmigo misma!!!
Y ahora, este desastre, soy un caos, y lo peor de todo es que siento que mi mente ha retrocedido, tengo más experiencias, pero me siento cada día más inmadura ¡¿cuándo llegué a este punto?!
¿cuándo volví a tener fobia por la gente? Creo que todos son geniales menos yo, y a veces me siento la gran mierda, peor la mayoría de las veces es lo primero anterior. Y cómo cuesta aceptarlo, tanto así que no me atrevo admitirle a mi "best friend forever" (con tono de niña mensa) que me cuesta socializar, que me da celos cuando ella sale con otros amigos, cuando me olvidan...
Total que le conté esto a mi novio, y llegué a la conclusión de que necesito estar sola como antes, necesito volver a aceptar que en este mundo voy solita, volver a disfrutar de mi propia compañía, de caminar por la ciudad y volver a reflexionar, necesito encontrar humildad en mi interior, y volver a estar serena conmigo.
Después de esto nos abrazamos y vimos una película muy linda, decidimos que el tiempo dirá las cosas entre nosotros, y que mientras podamos estar juntos, disfrutaremos de la comida y la tele, después, necesitaré estar en comunión con mi cabeza y mi alma, para volver a la marcha con los demás, con la gente que es genial, y que no les pasa por la cabeza lo que siento ahora...

Cuentos y charadas de un borracho

Sí, sí se me pasaron las copas ayer, creo que estaba un poco nerviosa con ver en la reunión al tipo con el que tanto me traumé en la secundaria.
Me puse mal, muy mal, después hubo un momento en el que estaba consciente, pero totalmente mareada, eso fue lo peor, saber que estaba ya muy ebria y simplemente no poder controlarlo.
Si algo que odio de tomar, es que el o la amig@ buena onda cargue borrachos, pero no había de otra, yo estaba así y tuvieron que hacerse cargo de mí, al menos estaba algo consciente de ello.
Algo de lo que me estuve dando cuenta es que me sentía muy sola, aún con mis mejores amigos ahí, de repente hablaban de sus ondas, de que saldrían de viaje, de sus
novi@s, o no sé, tal vez estoy sensible, hasta las típicas bromitas me ofendieron un poco, y me sentí mal, abandonada.
Cuando regresé en la noche, fuí a buscar a mi novio, quien es enemigo del alcohol, así que traté de ocultar mi torpeza para actuar y pensar, y más o menos creo que lo logré, ya veremos en la tarde.
Dormí, desperté como a las 5 de la mañana, sin poder dormir de nuevo, desperté pensando en las estupideces que hice en la reunión (de lo que me acuerdo), así que me percato de tener resaca, tanto física como moral. Pero también recordé lo sola que me siento, y pensé en mi novio, y sentí de nuevo que lo quiero (¿lo quiero sólo cuando me siento sola?), él es tan tierno, lo he desvalorado mucho, quiero abrazarlo, pero tendré que esperar hasta tarde, lo que me da oportunidad de ver qué rayos hago para sacarme esta maldita resaca, siento aún la torpeza, lentitud, el estómago revuelto, debilidad y la cabeza ni se diga... Y todo esto lo tengo que arreglar sin que mi madre se de cuenta, toda una misión.
Ahora sí me sentí mal, no quiero volverme a ver tan ebria.