Mal día para ser un idiota
Hubo un accidente en la avenida principal, jódete, ya no llegaste… y con la mirada fija en una pequeña mocosa esperando por el bus en la acera, de repente das la vuelta para darte cuenta de que una camioneta gris va a impactarse contra tu Chevy, cuatro segundos: “¡¡chingada madre!!”, dos segundos: “voy a morir”, un segundo: cierras tus ojos…
¿Por qué diste la vuelta, a dónde se supone que ibas? ¿No ves que con el tuyo ya iban a ser dos accidentes en la impecable avenida principal?... “¡¡¡Cabrón, aprende a manejar, pendejo!!!”. Sabes que es cierto, estacionas tu carro y te fumas un cigarro, decides caminar a donde sea, te sientes trastornado, pero más que eso, te sientes solo, no hay nadie a quién contarle lo sucedido, no hay quien te repita que eres un imbécil en el volante… En fin, llegas a un puesto de cócteles de frutas frescas, tiras la colilla del cigarro en una coladera, un anciano mal oliente te ve y balbucea lo que te pareció un: “cabrón…”, pero no haces caso, tras él viene una chica, tiene cuerpo de veinte y cara de treinta, lleva puesta una falda negra, mallas de algodón del mismo color y una chaqueta verde olivo. Está a tu lado… “¿sí, qué va a llevar?” te pregunta la señora del puesto; tú vuelves al mundo y contestas: “primero la señorita” la señorita te sonríe por un segundo, y piensas: “¡dios, ¿por qué no me rasuré?!” Ella pide un cóctel sin piña, en lugar de eso papaya y pide de favor poca miel y tú vuelves a pensar: “¿Por qué lo pide ‘por favor’ si lo está pagando?” La ves procurando ser discreto, tiene unos ojos hermosos, pero reflejan una profunda tristeza, te das cuenta de una pequeña cicatriz bajo su ceja derecha, ella te vuelve a sonreír, piensas que es extrañamente bonita, tiene un aire que se te hace familiar, sientes que podrías conversar con ella de todo, del clima, de la globalización, de la fruta de temporada y hasta de accidentes automovilísticos. Entre todo eso, ella se marcha, cuelga un discreto bolso en su hombro, en su mano izquierda lleva el cóctel chorreando de miel y toma un taxi con placas falsas: “Mejor así, si yo la hubiera llevado tal vez hubiéramos chocado contra el primer poste”. Te retiras del puesto diciendo en voz baja: “es la historia de mi miserable vida”.
Caminas por horas, ves la ciudad llena de lucecitas, las tiendas repletas de gente desquiciada por las baratas de invierno, lo comparas con un hormiguero. Admiras los edificios, te detienes a observar los detalles: “Yo quería ser arquitecto”. Comienzas a escuchar a lo lejos un grupo de niños cantando ‘ridículos’ villancicos, te recuerdan a aquella gorda maestra de música que te aterraba cada vez que trataba de cruzar las piernas.
De uno de esos increíbles edificios sale un tipo, alto, bien parecido, lleva un traje gris, un abrigo de $15,000, trae en la mano un portafolio plateado, te sorprende que no lleve alguna inicial grabada en oro; esperas verlo entrar a un "súper carro del futuro" en cualquier momento… ¡un segundo!, es él, es ese estúpido de la vieja preparatoria que te golpeaba si lo mirabas a los ojos… ahí viene, se acerca a ti, piensas: “¿qué, va a golpearme una vez más?”; metes tu mano en el bolsillo y esperas: Tu ex golpeador se siguió de largo, sus ojos se desviaron hacia a ti un instante, pero su mirada era tan indiferente como le es al verano ver una hoja caer. No, definitivamente no te reconoció. Aceptas que te hubiera gustado arreglar algunas cuentas ahora que ya no te preocupa regresar golpeado a casa, nadie te interrogaría sobre tu ojo hinchado. Pero no lo haces y te limitas a verlo entrar a un súper carro del futuro; te das cuenta de que su portafolio trae grabada en oro una “A”.
De nuevo, ya es tarde y no traes el carro, ya quieres volver a casa a escuchar La línea del amor y burlarte de los tontos que llaman o tal vez ver Robocop por centésima vez; como sea tendrás que caminar más aprisa.
Pasas por un horrible callejón, te detienes para ubicar mejor el lugar. Ves una mujer entrar, lleva de la mano a un niño, el pequeño tiene un gorro demasiado grande, le tapa los ojos, pero parece no incomodarle. Decides preguntarle dónde puedes tomar un autobús para el centro, ella te mira y contesta: “Camine 6 cuadras hacia allá, saldrá a la avenida, ahí puede tomar el autobús”, agradeces la amabilidad y ella agrega: “Tenga mucho cuidado, aquí es muy peligroso sobe todo a estas horas de la noche”, vuelves a agradecer y te retiras. No llevas caminando ni media cuadra cuando escuchas gritar a la misma señora: “¡Maldito, maldito ratero!” y un hombre, que más bien te parece ser un muchacho drogado corre abrazando una bolsa hacia donde estás tú, ahí viene, sabes que eres más fuerte, puedes detenerlo, no eres viejo ni traes un portafolio grabado como para no hacerlo… pero él se ha ido, ha desaparecido, te quedaste ahí parado viendo cómo se metía entre los carros estacionados. Volteas y ves a la señora consolando al niño que estalló en llanto. Mejor te vas, no puedes soportarlo.
Llegas al departamento, saludas a la vecina del primer piso, lo haces rápido, no te gusta que te empiece a hacer conversación. Prendes la luz, sólo un instante, se funde el foco, pero estás demasiado cansado para cambiarlo, piensas: “Estoy cansado, estoy cansado de ser un idiota” Te sientas en el sofá, lloras en silencio mientras escuchas un cd de rock pop suave, te has quedado profundamente dormido.
Despiertas, desayunas el café de siempre pues camino al trabajo quieres ir al puesto de cócteles, te rasuras y te pones unos guantes. Es temprano, te paras en el puesto, pides un especial con papaya y esperas, ya has esperado casi media hora, ¿qué esperas?
Te das cuenta de que se te ha hecho tarde, pagas, dejas el cóctel en la mesa y corres a tu auto. Te das cuenta de que este día no habrá chica, no hay accidentes por la ciudad, no volverás a ver a ese estúpido abusador, el callejón queda lejos; este día simplemente llegarás a tiempo al trabajo.
Este "cuento" lo escribí en diciembre del 2006, y no sé, supongo que perdí oportunidades por mensa en ese momento y lo escribí para expresarlo. Tal vez algún día lo convierta en un buen guión para un cortometraje ¿usted qué cree, o soy muy ambiciosa? Hehehe.
Más que nada, quise volver a leerlo, porque es una de las cosas que representan mi felicidad estando sola, y me recuerda las reflexiones que rondaban en mi cabeza al estar acompañada no más que con mi música, disfruté mucho esa época, y la invoco para que vuelva!!!
POSDATA: Ahora sí, ya se me ocurrió una mega idea! Haré una ilustración para este cuento! Tal como me imagino al tipete protagonista de mi cuento. Qué hermoso, desde que escribí el cuento me hice unas de imágenes en mi cabeza, imaginando todo, y ahora siguen siendo exactamente las mismas, las mismas!!! Pequeños míos, la vida es bella!